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Manuel Elkin Patarroyo. Médico e inmunólogo tolimense es el colombiano que más ha luchado contra la muerte; sus exitosas investigaciones contra la malaria, concentradas en una vacuna sintética, ayudarán a evitar la acción de tan destructora enfermedad (anualmente la malaria causa la muerte de un millón de niños y produce más de 500 millones de casos clínicos) se aprecia un particular interés por la inmunología y la genética, aplicadas a la reumatología, la neumología, la fisiología y enfermedades del tórax. En el campo de la genética, Patarroyo Este descubrimiento es de suma importancia, pues si desde el momento del nacimiento se pueden establecer los marcadores genéticos que señalan a un individuo como susceptible de contraer una determinada enfermedad, la medicina podrá someterlo a un proceso de inmunización o, al menos, a alguna forma de prevención que disminuya el riesgo. Sin embargo, es en el campo de la producción de vacunas sintéticas, donde Manuel Elkin Patarroyo y su grupo de investigación ha obtenido los logros de mayor importancia. En 1979 y 1980, su interés se centró en la lepra, la tuberculosis y la fiebre y su equipo han trabajado los marcadores genéticos, y han podido determinar que, en el caso de las enfermedades infectocontagiosas, cuya etiología se ha considerado siempre externa, existe una predisposición genética; es decir, que algunos individuos nacen genéticamente "marcados" para contraer determinadas enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la fiebre reumática y la lepra
Patarroyo Manuel Elkin
Este descubrimiento es de suma importancia, pues si desde el momento del nacimiento se pueden establecer los marcadores genéticos que señalan a un individuo como susceptible de contraer una determinada enfermedad, la medicina podrá someterlo a un proceso de inmunización o, al menos, a alguna forma de prevención que disminuya el riesgo. Sin embargo, es en el campo de la producción de vacunas sintéticas, su interés se centró en la lepra, la tuberculosis y la fiebre reumática; estas investigaciones condujeron, en 1984, al establecimiento de los principios generales para la creación de una vacuna sintética, químicamente hecha. A partir de este momento, Patarroyo enfocó su trabajo hacia la malaria o paludismo, con excelentes resultados. Entre 1986 y 1988 la vacuna sintética (SPf 66) fue creada y probada en una colonia de micos de la región amazónica, los Aotus trivirgatus, y en un grupo de jóvenes bachilleres voluntarios que prestaban su servicio militar. Sin embargo, allí comenzaron los problemas, pues los intereses económicos en juego entorpecieron la aplicación masiva de la vacuna. Aunque el trabajo cumplido por Patarroyo y su gente en el laboratorio es perfecto, y los escritos que lo sustentan son concluyentes y no han podido ser rebatidos científicamente, se argumentaba, por ejemplo, que inocular seres humanos sin tener todavía resultados bien definidos era irresponsable. Por otro lado, la posibilidad de producir la vacuna sintética despertó el interés y la curiosidad de los grandes laboratorios. Sin embargo, en un acto de generosidad, Patarroyo donó la vacuna, en mayo de 1993, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), con la condición de que su producción y comercialización fueran hechas en Colombia, lo que implica el montaje de una moderna planta destinada a producir la vacuna industrialmente. Tal circunstancia ha traído beneficios, pues con el aval de la OMS Patarroyo ha podido adelantar campañas de vacunación voluntaria en lugares de condiciones extremadamente difíciles o de transmisión intensa, como en Tanzania. Con anterioridad, la vacuna había sido probada en más de 41000 voluntarios en América Latina, donde a principios de 1994 fueron inoculados 45 voluntarios que demostraron que la vacuna desata una fuerte respuesta inmunitaria (entre un 40 y un 60% en los adultos, y hasta un 77% en los niños, es decir, que tres de cada cinco vacunados son protegidos) contra la malaria, sin provocar efectos colaterales. Experimentos de este tipo se repetirán en Tailandia, Gambia, y otros sitios del Africa, lo que permitirá en 1998, cuando se espera lograr un 90 ó 95% de efectividad.

Patarroyo no se va a detener en el descubrimiento de la vacuna contra la malaria (con la cual quizás reciba el premio Nobel), de hecho, ya ha iniciado estudios y experimentos para obtener sintéticamente una vacuna contra la tuberculosis y otra contra la aftosa. Lo más sorprendente del trabajo científico de Patarroyo es que ha sido adelantado en un país en vías de desarrollo, con condiciones económicas difíciles y recursos científicos limitados; Manuel Elkin Patarroyo ha demostrado cómo, a base de lucha y tesón, se puede salir adelante.